De una sociedad en la que la gente se moviliza todos los fines de semana para ver, seguir, apoyar y aplaudir a futbolistas y a clubes que son el símbolo de lo que en este país es defraudar a hacienda y pagar menos impuestos de los que deberían, no se puede esperar demasiado.
Se aplaude a personas cuyo comportamiento empobrece al común de los ciudadanos, a aquellos que les siguen, común de los ciudadanos que no protestan cuando se vota un recorte de sanidad y educación (la primera vez en la democracia) y que salen a miles a las calles para celebrar un triunfo de esos millonarios insolidarios vestidos de corto que ayudan a que los servicios comunes sean peores. Con unas prioridades como éstas es difícil mantener la fe en una sociedad y en la mejora de lo común... Seguimos excavando...
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